Es una lástima tener que sufrir unas botas nuevas
Es una lástima tener que sufrir unas botas nuevas
Es muy habitual entre principiantes (y a veces expertos) del mundo del senderismo cometer un error fatal por falta de previsión o simple desconocimiento. El fallo, aunque pueda parecer tonto, no es más que calzarse por primera vez unas botas para realizar una ruta de senderismo. Por un fallo así puedes perderte una magnifica excursión o pasar un mal día que recordarás durante semanas.

Lo ideal es que lleves siempre botas usadas, como mínimo con un par de semanas de “rodadura” para evitar que las rigideces de las botas nuevas te perjudiquen el pie creándote ampollas y rozaduras. Lo mismo se aplica para esas botas que tienes en el armario durante meses esperando una “ocasión especial” y sacas justo la noche antes de la ruta: una bota sin usar es como una bota nueva que tiende a acartonarse y quedarse demasiado rígida.

Para evitar males mayores, lo mejor es empezar a usar las botas un par de semanas antes con cierta progresividad. Poco a poco nuestras botas irán adaptándose a nuestros pies, ablandándose allá dónde sea necesario. Úsalas por ciudad, para pasear al perro, para ir a la compra o para lo que sea, en periodos cortos de un par de horas al día la primera semana y de medio día la segunda semana y conseguirás llegar a la ruta completamente preparado y sin miedo a rozaduras innecesarias.

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